
Tomado de Maritza Padilla Valdés en ACN
Tres golpes secos de hierro contra hierro provocaron sonidos agudos como si se estremeciera la tierra, sin embargo, la niña que daba sus primeros pasos no se inmutó y siguió sonriente avanzando tambaleante pero con rapidez, como si quisiera descubrir el mundo en solo un palmo de tierra desde el patio de su casa.
En cambio a sus padres se les unía el cielo con la tierra, al comprobar lo que por diferentes detalles ya venían sospechando: la pequeña Karla era sorda.
Una visita al especialista y exámenes posteriores confirmaron su sordera profunda, entonces recibieron la debida información.
Residentes en áreas rurales apartadas de un municipio pinareño, desde la misma primera vez que necesitaron trasladarse a la capital para prepararse para el implante coclear, el sistema de salud cubano puso a su disposición un taxi de manera gratuita, como la operación que siguió y los sucesivos viajes para su rehabilitación en el Centro Internacional de Salud La Pradera.
Pasados algunos años recibió la terapia rehabilitadora en Pinar del Río, que contó con varias fases como la detección, la discriminación de sonidos, identificación, reconocimiento y comprensión, etapa esta última en la que el infante es capaz de entender, razonar y comunicarse.
Todo un equipo integrado por cuatro licenciadas en logofonología y dos especializadas en logopedia y foniatría, para atender a los niños con deficiencias auditivas, y ello sin tener que desembolsar ni un centavo, y eso tiene un nombre: respeto a los derechos humanos, mientras constituye solo un ejemplo entre muchos, en todos los sectores de la vida en Cuba.
María del Carmen García, su abuela, confiesa que muy a menudo se pregunta qué sería de Karlita y de otros niños, como el inquieto Joan Manuel, si no hubieran nacido en Cuba.
De una familia de procedencia campesina, Karla de seguro estuviera imposibilitada de traspasar la puerta que conduce al mundo del sonido.
Gracias a la Revolución, es hoy una joven de 14 años feliz, estudiosa –cursa el noveno grado–, aplicada, muy comunicativa, alegre, bailadora y hasta buena deportista, pues le encanta el ajedrez y ha ganado el premio cimero en competencias nacionales de discapacitados.
Ahora sueña en el futuro estudiar duro para ser internacionalista como su mamá y sobre todo espera impaciente la próxima llegada de sus 15 primaveras.
Un implante coclear es un dispositivo electrónico que sustituye las funciones del oído y los que posee Cuba son de los más avanzados en el planeta, producidos por compañías prestigiosas.
Ello, junto a la calidad de la asistencia, hace que el país signifique una referencia para América Latina y entre países del primer mundo donde emplean este proceder.
El programa de implantes clocleares, aunque comenzó en la década de 1990, se consolidó en 2005, a partir del especial interés prestado por el Comandante en Jefe Fidel Castro.