
Autores:
Lic. Susana Espinosa-Pérez. Policlínico Dr. Mario Muñoz Monroy. Santiago de Cuba. susanaespinosa@infomed.scu.sld.cu susana.espinosa@nauta.cu
Dr. C. Angel Deroncele-Acosta. Universidad de Oriente. Santiago de Cuba. aderoncele84@gmail.com
En la adultez la actividad laboral marca el ritmo de nuestras vidas, como promedio el ser humano adulto pasa más tiempo de su vida social y de vigilia en el trabajo que en su propio hogar, por lo que el modo en que se construyen las relaciones interpersonales, el clima socio-afectivo y los roles en el contexto organizacional, tiene un impacto directo en la calidad de vida y la salud de los seres humanos.
A partir de esta realidad la ciencias sociales y en particular una de las disciplinas de la Psicología, la psicología organizacional, desde sus diversas perspectivas, se ha enfocado en el logro del bienestar subjetivo en las organizaciones, ocupándose de los aspectos subjetivos que se manifiestan y conforman en la actividad laboral y, a través de ella, contextualizado en el ámbito sociopsicológico y material en que existe (Martínez y Vázquez, 2005; citadas en Deroncele, 2015) considerando al sujeto organizacional en sus niveles individual, grupal, organizacional y socio-ambiental.
De este modo es muy frecuente la atención a menoscabos psíquicos o efectos negativos del trabajo como la fatiga, la monotonía, el hastío psíquico, y el estrés laboral, siendo sin dudas este último el más preponderante, estando en la lista de enfermedades de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y ocupando espacios prioritarios en la agenda de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) quien eligió en el año 2016 precisamente el tema de estrés en el trabajo y dedicó el “Día Mundial de la Seguridad y Salud en el Trabajo” a ello (OIT, 2016).
Sin embargo, tradicionalmente la intervención profesional ante estas cuestiones han estado centradas mayormente en lo negativo, y como modelo de cambio basado en el déficit ha generado un discurso catártico y centrado en los problemas, por lo que el presente estudio alineado a la gestión de potencialidades formativas en las personas (Deroncele, Medina y Gross, 2020) propone una perspectiva de cambio positivo, centrada en amplificar el núcleo positivo de las personas, como promueve la indagación apreciativa, que no se desentiende de los problemas, sino que los reformula en tópicos afirmativos, esperanzadores, constructivos, retadores (Whitney y Trostem-Bloom, 2010, citadas en Deroncele, 2015).
Tal como plantean Salanova, Llorens y Martínez (2016, p. 177) “el ser humano es complejo y para atender a esta complejidad se hace necesario una Psicología que no sólo atienda a los problemas sino que vaya más allá, esto es, que permita potenciar y promover las fortalezas de las personas en todos los ámbitos de su vida incluido el contexto laboral”.
Específicamente en el ámbito de organizaciones laborales de salud como hospitales y policlínicos, en los últimos tiempos ha crecido considerablemente el interés por el estudio del estrés laboral en los profesionales que laboran en estas instituciones; especialmente los médicos y las enfermeras de la atención primaria de salud.
Los médicos y enfermeras en su actividad laboral cotidiana se enfrentan a riesgos psicosociales en ese vínculo que establecen con su trabajo, al atender directamente a personas que requieren ayuda vital, y que demandan a estos profesionales a tener que aplicar estrategias diversas, tener un alto nivel de flexibilidad y dinamismo para adaptarse a situaciones emergentes de manera constante, tener la capacidad y la responsabilidad de tomar decisiones certeras de manera oportuna, ser empáticos, asertivos, y atender varias cosas a la vez que requieran de atención, implicación y sobre todo de respuestas rápidas.
“Estudios han demostrado que el personal de enfermería se halla sometido a numerosas y variadas fuentes de estrés que mantenidas de forma crónica tienen consecuencias importantes sobre el bienestar de los profesionales sanitarios y sobre la organización” (Carrillo-García, Ríos-Rísquez, Escudero-Fernández, y Martínez-Roche, 2018, p. 311).
Así transcurre la vida profesional de médicos y enfermeras, por lo cual no es una sorpresa que estos valiosos profesionales puedan enfrentarse de manera constante a situaciones de ambigüedad, conflicto o sobrecarga, relacionadas con el rol laboral que desempeñan. Por lo tanto pueden ser vulnerables al estrés de rol y es muy necesario que puedan manejar de manera efectiva estas situaciones, debido a las implicaciones que a nivel individual, grupal, organizacional, familiar, en la esfera de las relaciones sociales, entre otros, tiene este riesgo psicosocial.
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