
Autores:
M.Sc. Ariagna Álamo Vega. Universidad de Las Tunas. Las Tunas. ariagnaav@ult.edu.cu
Lic. Diana de la Caridad Cervantes Almaguer. Universidad Las Tunas. Las Tunas. dicealma@ult.edu.cu
La Edad de Oro, de José Martí y su contribución en la formación de la personalidad está basado en la realización de un estudio de la revista, desde la visión artística martiana en la formación de valores éticos y morales, que contribuye a la formación de la personalidad en la sociedad cubana. Tiene como objetivo valorar las concepciones martianas acerca del arte presentes en La Edad de Oro, haciendo especial énfasis en determinar las principales concepciones martianas sobre el desarrollo artístico y literario presentes en el libro-revista y valorar la importancia teórica práctica de las concepciones martianas para la formación de la personalidad. Se revisó una variada bibliografía a fin de realizar algunas reflexiones teóricas. Para la obtención de la información fue necesaria la aplicación del método de análisis de textos, las principales fuentes de información son la literatura, reflexiones filosóficas, políticas, éticas y estéticas. Esta investigación presenta como resultado un ensayo sobre las concepciones martianas acerca de la formación de valores ético-morales y su contribución en la formación de la personalidad a partir del arte.
El hombre de La Edad de Oro, se encontraba, en 1889, dedicado por entero a la causa revolucionaria; el nacimiento de la revista estuvo asociado a esta circunstancia política. La publicación no es una desconexión de este quehacer o una diversión en su tiempo libre, sino una obra consciente y de hondas raíces en las tierras de América. Su propósito se manifiesta en una importante carta a su amigo mexicano Manuel Mercado, donde le expresa:
La Edad de Oro ha de ser para que ayude a lo que quisiera yo ayudar, que es a llenar nuestras tierras de hombres originales, criados para ser felices en la tierra en que viven, y vivir conforme a ella, sin divorciarse de ella, ni vivir infecundamente en ella, como ciudadanos retóricos, o extranjeros desdeñosos nacidos por castigo en otra parte del mundo… A nuestros niños los hemos de criar para hombre de su tiempo, y hombres de América. Si no hubiera tenido a mis ojos esta dignidad, yo no habría entrado en esta empresa. J. Martí (1990: 147)
Martí se propone crear en los niños de América una conciencia y un alto sentido de la solidaridad humana. Los postulados de este código moral aparecen insertados en cada texto, referidos por igual a la exaltación de los grandes héroes americanos: Bolívar, Hidalgo y San Martín; que a la conmovedora resistencia del pueblo anamita o a la religiosidad arraigada en nuestros pueblos. Enjuicia a la Inquisición española. De esta forma son los mensajes que trasmite a los niños y jóvenes.
La Edad de Oro, demuestra su calidad poética y la labor multiforme de su autor. Bueno igual para la prosa que para el verso. Su material, no podía ser más variado: cuentos, poemas, adaptaciones del folklore o de grandes autores, crónicas, relatos. Su éxito estriba en que el autor supo sortear muy bien los dos errores más frecuentes en el campo de la literatura infantil, donde se peca por exceso o por defecto. Martí ni sobrestima ni subestima a los niños. No les habla como dómine, en tono retórico ni en forma aniñada y falsa, no lo puede hacer con quienes considera merecedores de la verdad y la belleza “para que no les salga la vida equivocada”. Les ofrece amor, humor y poesía. Escribe sin paternalismos, eleva su escritura a un lugar donde es necesario nombrar de nuevo las cosas, y no solo entretener sino instruir.
Martí asume La Edad de Oro, como una empresa llena de compromiso afectuoso, como todas las otras que emprendió. A diferencia de los textos simplones y sensibleros que proliferaron en el siglo XIX y cuyos ecos se escuchan todavía, en la revista concebida para el receptor infanto juvenil, Martí no reservó su talento, ni consideró peyorativamente a sus destinatarios.
Martí encontró la fórmula para comunicarse con los niños, demuestra claramente que la diferencia entre un texto para adultos y otro para niños y jóvenes descansa en la calidad. Solo así logramos explicarnos la grandeza y eficacia de esta empresa literaria.
He ahí La Edad de Oro orientada en el camino de sabiduría, y en cuya entraña late un firme propósito moral. Lo demás, lo docente, lo informativo, lo instructivo, lo bello, lo poético han de tener su valor en su virtud educativa. La carga ideológica se integra y equilibra armoniosamente de tal modo, que el resultado es una obra de arte que mantiene su vigencia para la “guerra necesaria” de entonces, y para la actual lucha por la liberación de todos los pueblos de América.
Cuando la revista hizo su primera aparición, tenía bien determinada su autor la lectura básica que de ella quería que se hiciera. Sin embargo, ¿a cuántos niños pudo llegar La Edad de Oro? Miles de niños, que en todo el continente no tendrían medios económicos para adquirirlas, o lo que es peor, que ni siquiera podrían entenderla pues no sabían leer, pensar en el niño cubano, bajo el dominio colonial, que limitaba sus posibilidades de conocimientos. El creador de La Edad de Oro estaba consciente, pero ello no limitó su entrega total de escribir para todos ellos. Conociendo que no podría llegar a todos, se palpa en la amorosa intención de hacer pensar a los niños que la leyeran en los otros que todavía no podían hacerlo.
SI DESEA CONSULTAR LA INVESTIGACIÓN COMPLETA, CONTACTE CON LAS AUTORAS EN LOS EMAILS RELACIONADOS
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