El lado verde de Las Tunas

Casi justo donde abre sus puertas a quienes vienen del Oeste, esta ciudad tiene un jardín.  Indiferente a la sed perenne de la tierra más seca de Cuba, procura ser su pedazo verde lleno de olor a roble, de canto de sinsontes y de perfume de jazmines.

Era el octubre siempre cálido de la Isla, casi el mediodía. El sol y la temperatura en su momento más espléndido no impedían a una familia inmortalizar la felicidad del arribo de su pequeña al primer añito de vida.

Como ellos, a lo largo del año, muchos escogen el lugar para fotografiar sus mejores momentos y perpetuarlos. Todo al amparo de la belleza de uno de los jardines botánicos más completos de Cuba por la cantidad y diversidad de las  especies que atesora.

Un recorrido por el área traslada al visitante a destinos fascinantes y asombrosos de países de Australia, América y Asia de donde le llegaron los deliciosos cítricos y los tamarindos dulces. Y de África,  que le regaló su mitológico Baobab de grandes flores blancas, el mismo  al que se hace referencia en el clásico de la literatura El Principito.

En alrededor de 50 hectáreas de plantas cultivadas, desfilan en una suerte de obsequio a la vista, especies autóctonas, exóticas y en peligro de extinción. Manos  muy laboriosas han podido reproducirlas  y propagarlas  a costa de esfuerzo y perseverancia.

Para corroborarlo,  basta con detenerse a admirar el único ejemplar de la Juniperus Saxícola o Sabina de la maestra, que parecía crecer solo a una altura superior a los mil metros sobre el nivel del mar y ya lleva más de 15 años en el jardín. O detenerse a observar  la palma corcho, fósil viviente que compartió espacio y tiempo con los dinosaurios.

Tomado de Tiempo21

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